Una crisis sanitaria que aún oprime

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Por Geraldine Emiliani Psicóloga Clínica y Jurídica /
Psicoterapeuta Familiar y de Pareja

Ya se sienten esos aires de libertad que en verdad ayudan muchísimo a llevar una vida sin restricción ni atadura alguna. Por un lado, gracias a las vacunaciones masivas y disminución del número de afectados por la Covid-19.

Sin embargo, hay un tipo de condicionamiento que aprisiona, que oprime. Me refiero al confinamiento psicológico, a ese ajetreo mental que debido al encerramiento nos ha dejado experiencias traumáticas y una de ellas son las deudas acumuladas que en un momento no muy lejano habrá que enfrentar.

Miedo, estrés, irritabilidad, hastío son solo algunos de los síntomas que la población ha ido desarrollando tras verse afectados por esta nueva realidad. Otros, en casos extremos, han desarrollado síntomas de ansiedad o cuadros depresivos.

Un estudio publicado en la revista Journal of Affective Disorders señala que, debido al confinamiento, un 65% de la población habría desarrollado ansiedad o cuadros depresivos. El estrés acumulado durante la cuarentena, el no acabar de entender en qué consistía la ‘nueva normalidad’, las pérdidas a nivel laboral y económico, de bienes materiales, las pérdidas de familiares, ruptura de las relaciones familiares, y en las relaciones de parejas, y una educación en degradación y ahora el tener que enfrentarse a los bancos por las deudas acumuladas, además de la incertidumbre sobre el futuro que nos espera, ha sido y es un caldo de cultivo perfecto para que se produzca un incremento en el número de casos de personas que admiten estar sufriendo algunos cambios en cuanto a su salud mental.

La ansiedad es buena y hasta conveniente en cantidades moderadas pero si se intensifica y no desaparece y no se busca ayuda se convierte en un grave problema.

La ansiedad se caracteriza por síntomas corporales, tensión física y aprehensión y es una respuesta fisiológica que se origina en el cerebro. En la actualidad hay una amenaza real y eso hace que nuestra preocupación y angustia se dispare.

El problema surge cuando sobrevienen síntomas como la preocupación excesiva y constante que no podemos controlar: inquietud, nerviosismo, fatiga, dificultad para concentrarnos, sentir irritabilidad, tensión muscular o la dificultad para dormir adecuadamente.

Gran parte de la población ha desarrollado trastornos mentales como ansiedad, depresión y consumo de sustancias. Para poder contrarrestar estas dificultades, habrá que acudir a la ayuda médica especializada, con objeto de ser diagnosticados de manera precisa.

Después, lo mejor es seguir un tratamiento especializado que, en los casos más extremos, puede precisar de terapia medicamentosa y psicoterapia. La psicoterapia identifica el nivel de ansiedad y depresión aprendiendo a controlar aquellos factores que la activan y la mantienen, ayuda a trabajar con los pensamientos negativos y se generan otros mecanismos que ayudan a percibir el mundo de una manera segura.

El asunto es ayudar al paciente a aprender a manejar sus miedos para que pueda controlar su vida para que vuelva a hacer la persona que siempre ha querido ser.

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