Roma y San Salvador en la canonización de Monseñor Romero

Por José Eduardo Cubías Colorado

Los actos conmemorativos de la canonización de Monseñor Romero no revistieron la liturgia requerida por causa de la pandemia. El Arzobispado dio el aviso de que la celebración estaba suspendida, sin embargo el cardenal Gregorio Rosa Chávez celebró misa e invitó a los fieles en la iglesia de San Francisco, en San Salvador, este 13 de octubre. No hubo manifestaciones de devoción y de fe en las plazas públicas, ni vigilias. Los feligreses oyeron misas por los medios virtuales, como ha sido la costumbre en las redes sociales.

Con la intención de mantener una historia viviente de lo sucedido en Catedral Metropolitana de San Salvador y en el Vaticano, la noche del 12 de octubre, evocamos lo sucedido para no olvidar aquella fecha histórica para la feligresía católica.

Crónica de la canonización de Romero de América

Medianoche entre el 12-13 de octubre de 2018, participamos en la vigilia de canonización, aquí en Catedral junto a miles de feligreses y peregrinos, al tiempo que en la Santa Sede, el Papa Francisco oficiaba la misa de canonización y declaraba como santo al obispo Óscar Arnulfo Romero. Una noche de fiesta, hasta el amanecer en la Plaza Cívica.

Mientras tanto, en el Vaticano más de 5 mil peregrinos estallaban en júbilo y alegría por el primer santo de El Salvador, cuando Su Santidad leía el decreto de canonización y mencionaba las virtudes y circunstancias del martirio de Monseñor Romero. Un viaje que valió la pena.

En San Salvador se festejaba la canonización como la culminación de un proceso que duró 35 años, luego que Monseñor Arturo Rivera y Damas, como Arzobispo presentara la causa al Vaticano. Se había esperado tanto tiempo por este momento, mientras la devoción a Romero aumentaba galopante, igual que la crítica a la curia metropolitana. Las campanas de todas las parroquias diocesanas tocaron a arrebato y se celebraba la misa de canonización. La imagen de Romero estaría en el altar mayor de todas las iglesias parroquiales.

Sentimientos encontrados

Muchos católicos comprometidos con el legado de Romero, me expresaron durante la noche de la vigilia su conflicto emocional, en cuanto deseaban estar en Roma como testigos presenciales de la canonización de Romero, como lo hicieron los más de 5 mil salvadoreños que estuvieron en la Plaza de San Pedro, ese histórico día. Pero optaron por reunirse con su pueblo en Catedral, en el escenario de las prédicas y denuncias de Monseñor Romero contra las injusticias y la represión, como profeta junto a la comunidad católica, junto a la juventud romeriana, entre vivas, arengas, cánticos y oraciones.

Y allá en Roma, mis compatriotas esperaban además de la declaratoria de canonización de Romero, la llegada del Papa Francisco al sitio donde recibirían su bendición, y estrecharían su mano, si tenían suerte, y tendrían la oportunidad de saludarlo. El Papa Francisco llegó por fin, con esa franca sonrisa que le caracteriza, en medio de la algarabía, júbilo y la alegría compartida con el Sumo Pontífice.

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