Refugiados salvadoreños en Bélgica, en limbo jurídico

Primera Entrega

Parlamento del Reino de Bélgica.
Foto: Pixabay.com

Por Héctor Murcia


Son pocas, por no decir ninguna, las personas en El Salvador que no han sufrido los embates de la violencia ejercida por las pandillas. Extorsión, persecución y hasta intento de homicidio están todavía a la orden del día en el país.

Es el caso de tres salvadoreños y sus familias que han tenido que huir de El Salvador para salvar sus vidas y la de sus seres queridos y están intentando conseguir el estatus de asilados en el Reino de Bélgica.

Sin embargo, por razones políticas tanto en el país europeo como en el salvadoreño, la consecución de este estatus se ha vuelto una odisea, a tal punto que los tres salvadoreños y sus familias se encuentran retenidos en albergues de refugiados, sostenidos por Bélgica y organismos humanitarios.

Alex, Oscar y Roberto, son tres salvadoreños que junto a sus parejas e hijos llevan ya un tiempo viviendo en una especie de limbo jurídico, debido a que ante la negativa del gobierno belga de otorgarles el estatus migratorio de asilados y la poca posibilidad que tienen de volver a El Salvador porque sus vidas corren peligro, han tenido que recurrir a vivir en un refugio para inmigrantes, mientras se les da seguimiento a sus casos.

Cada uno de ellos tiene su propia experiencia como víctimas del accionar pandilleril.
En el caso de Alex, tuvo que cambiar de residencia hasta en cinco ocasiones debido al acoso que recibía por parte de un grupo de pandillas desde que una noche de diciembre de 2017 a punta de pistola en la cabeza, le amenazaron.  Después de dos años desde el primer incidente y sin poder vivir tranquilamente, a finales de 2019 no encontró otra opción que huir del país para salvaguardar su vida y la de su familia.

Por su parte, Oscar sufrió el flagelo de la extorsión.
Las pandillas le daban seguimiento a él y su familia, sabiendo en todo momento los lugares por donde transitaban. A tal punto llegó la situación, que incluso trataron de secuestrar a sus hijos a la salida de un colegio privado donde estudiaban.  Oscar tuvo que dejar su negocio, un restaurante, y marcharse de El Salvador junto con su familia.

De igual manera, Roberto tuvo que dejar el país luego de haber sobrevivido, de milagro, a un ataque por parte de un pandillero que le asestó ocho disparos. Después de 15 días de hospitalización y de haber iniciado un proceso judicial en contra de uno de los atacantes, tuvo que renunciar a la acusación debido a que la denuncia se filtró y llegó a manos de familiares del detenido que no dudaron en amenazarle de muerte.

Es así como estos tres salvadoreños que no se conocían con anterioridad, deciden buscar refugio en un destino común: el Reino de Bélgica, donde se encuentran ahora a la espera de una respuesta a su solicitud de asilo que ven cómo cada día que pasa se vuelve más difícil.