Óscar Elizalde Prada: “El Salvador es tierra de mártires, es tierra de Monseñor Romero”

Por Cindy Castillo – Cartagena, Colombia

Fotos: Óscar Augusto Elizalde Prada

Durante una de sus homilías más recordadas, el jesuita Ignacio Ellacuría quien también fue asesinado en pleno desarrollo de la guerra civil en El Salvador, expresó: “Con Monseñor Romero, Dios pasó por El Salvador”. Y su paso se sigue haciendo sentir a casi 40 años de su muerte, y no solamente en esa tierra centroamericana, también se siente en otras partes del mundo, con su mensaje de amor al prójimo y de unidad, nadie mejor que él para dar testimonio de una fe inquebrantable que incluso lo llevó a entregar su propia vida en el altar.

Óscar Elizalde Prada
Óscar Elizalde Prada

El martirio de Monseñor ha sido motivo de admiración, investigación y ejemplo para infinidad de personas. Tal es el caso de Óscar Augusto Elizalde Prada, nacido en la ciudad de Bucaramanga, departamento de Santander, en Colombia, y a quien -desde muy temprana edad- le nació la inquietud de conocer la vida y obra del mártir (y próximamente Santo) Monseñor Romero.

El colombiano es docente en la Universidad La Salle, con una especialidad en Ciencias Religiosas. Cuenta con una Maestría en Gestión y Desarrollo de la Universidad La Salle, y este año finalizó un Doctorado en Comunicación Social en la Pontificia Universidad Católica de Rio Grande Do Sul, en Porto Alegre, Brasil.

Actualmente, Óscar coordina el portal Digital “Vida Nueva Digital”, en Colombia, que hace parte de la red de noticias Vida Nueva de la Iglesia Católica, como “una mirada desde la iglesia, una mirada de fe del acontecer de América Latina, de Colombia, especialmente”.

Asimismo, se desarrolla como Director de Comunicación y Mercadeo de la Universidad La Salle, y forma parte de algunas redes, entre ellas de la red Amerindia Continental, en la que forma parte del equipo de Coordinación para América Latina. La misma realizó recientemente el Tercer Congreso Continental de Teología en San Salvador, El Salvador.

La Voz de la Diáspora conversó con este colombiano para conocer de cerca su experiencia sobre Monseñor Romero.

¿Cuándo fue la primera vez que escuchó hablar de Monseñor Romero y qué impresión tuvo al respecto?

Fue cuando tenía 15 años y estaba aún en el colegio. Fue en una clase de educación religiosa en la que el profesor habló del tema del “profetismo” y nos presentó la película protagonizada por Raúl Julia, que se titula: “Romero”. Creo que fue mi primer encuentro, en el que descubrí una dimensión del profetismo que hasta el momento no conocía, y fue a partir de la vida y obra de Monseñor Romero.

En ese tiempo, me empecé a interesar por el Arzobispo de San Salvador, que dio su vida el 24 de marzo de 1980. Un año después, me encontré con el libro de Jon Sobrino, también de Monseñor Romero, y creo que mi interés empezó a crecer, al punto que me empezó a interesar mucho no solamente la vida de Romero, sino el contexto en el que ejerció su ministerio en la iglesia, en aquellos convulsionados años de dictadura en El Salvador. Y con el tiempo, también me interesé por la vida de otros mártires salvadoreños, como Rutilio Grande y los mártires de la UCA. Pienso que esa pasión por conocer quién era, y el impacto de la vida de Monseñor Romero tiene que ver con mis búsquedas de sentido y compromiso a favor de los pobres. Encontré en Monseñor Romero un verdadero testigo del evangelio encarnado en nuestra iglesia latinoamericana.

Usted realizó un estudio o tesis sobre Monseñor Romero. ¿Qué lo motivó a realizarlo?, ¿de qué se trató?

Cuando estudié Teología en la Pontificia Universidad Javeriana, y se me presentó la oportunidad de empezar a hacer mi trabajo de tesis de grado, me motivó el tema de Monseñor Romero, porque descubrí que sus cartas pastorales tienen una riqueza para la iglesia que aún no se ha aprovechado lo suficiente. De este modo, el tema me interesó aún más. Básicamente, lo que yo deseaba mostrar es el aporte de las cartas pastorales y el pensamiento pastoral de Monseñor Romero para la iglesia latinoamericana. Puedo decir que desarrollé mi tesis en un 85%, pero finalmente no la terminé, porque en ese momento tomé un trabajo a nivel latinoamericano en la CLAR (Confederación Latinoamericana de Religiosos) y bueno, me metí de lleno en este mundo también ayudando mucho en la formación y en la edición de una revista, y no pude concluir esa última fase.

¿Qué valoración mereció su estudio en ese momento?, ¿hubo algún detalle o peculiaridad que recordar?

Lo que más recuerdo de aquel estudio, es que publiqué un artículo, justamente para Vida Nueva, para el tiempo de la beatificación de Monseñor. Fue un detalle casi etnográfico accidental, que encontré cuando visitaba por primera vez la tumba de Monseñor Romero para su vigésimo quinto aniversario. Se trataba de una carta de una chica de 16 años, que estaba sobre la tumba de Monseñor. En ella, le contaba que aunque no lo había conocido en vida, había conocido mucho de él a través de su familia, y le ofrecía a Monseñor Romero su deseo de algún día ser médico para ayudar a los pobres, como él lo hacía. Yo tengo que decir, que esa carta me conmovió muchísimo. Recuerdo que era víspera de pentecostés, y yo descubrí que también hacía parte de una segunda generación que no conocimos a Monseñor Romero, sin embargo recibimos el testimonio de muchas personas y especialmente de muchos salvadoreños que prácticamente lo canonizaron el día de su martirio. Tal vez, fue don Pedro Casaldáliga, el que mejor lo expresó con su poema “San Romero de América”. Puedo decir que esa experiencia, ese primer encuentro con el pueblo salvadoreño es lo que más destaco de este estudio. No era solamente descubrir las cartas pastorales de Monseñor desde su texto, sino también desde su contexto y desde los pretextos que provocaron que haya tenido la valentía de escribir aquellas páginas en las que también orientaba a su iglesia en un momento tan crucial de persecución. Momento en donde era definitivo tomar una postura a favor de los más pobres, y esas opciones trascendieron, incluso en las generaciones venideras y a lo largo de los últimos años. En mi última visita a El Salvador reconozco que cada vez más Monseñor vive en su pueblo.

¿Cuántas veces ha estado en El Salvador y cómo ha sido esa experiencia?

He tenido la gracia de estar en El Salvador en tres oportunidades, la primera fue para el vigésimo quinto aniversario de la muerte de Monseñor Romero, cuando se celebró un congreso en la UCA. La segunda vez para un evento realizado por la CLAR, y en este 2018, cuando tuve la oportunidad de ser parte del equipo que realizó el Tercer Congreso Continental de Teología. Tengo que decir que en las tres oportunidades he hecho la ruta de los mártires, que comprende el hospitalito, la Capilla donde Monseñor dio su vida, su casita que hoy es un museo y su cripta.

¿Cuál fue su impresión al momento de conocer que Monseñor sería beatificado y luego comenzaría el proceso de canonización?

Que se estaba haciendo justicia de un clamor que venía desde la tierra salvadoreña, desde la tierra nutrida de la sangre de los mártires como Monseñor y como Rutilio Grande, Ellacuría y sus compañeros y compañeras de la UCA, y tantos otros que fallecieron en momentos cruciales como la eucaristía cuando falleció Romero. Mi impresión fue una profunda alegría y gozo, sintiendo que el clamor de un pueblo está siendo escuchado con justicia. También hay que reconocer que ha sido un Papa latinoamericano, quien tuvo la sensibilidad para proclamar lo que ya muchos sentíamos en el corazón, que Monseñor no solo era mártir, ya era beato y santo, y que fue esa entrega de amor a su pueblo lo que lo impulsó a llevar adelante el proyecto de Jesús hasta las últimas consecuencias, incluso dando su propia vida.

Anteriormente, el encargado de asuntos para Latinoamérica en el Vaticano era el colombiano Monseñor Alfonso López Trujillo, quien en su momento recomendó que no era conveniente abrir el caso de Monseñor Romero para investigar si se  podía o no canonizarlo, ¿qué opina sobre esto?

El papel que jugó Monseñor Alfonso López Trujillo frente al caso de Monseñor Romero, hizo sentir el peso de las posturas radicales y una forma de condenar de la iglesia. Fueron tiempos no muy lúcidos para la iglesia latinoamericana. Cuando vino este peso desde Roma, podríamos decir que estábamos en una especie de “invierno eclesial”. La iglesia necesitaba oxigenarse y encontrar la manera de hacerlo desde la opción de los más pobres, y desde una teología que se encarnó en el pueblo latinoamericano. Hay que reconocer que el peso de López Trujillo no fue nada fácil de asumir, especialmente para hombres y mujeres de nuestra iglesia. Sabemos que Monseñor Romero sufrió mucho en uno de sus viajes al Vaticano, porque no siempre se le comprendía su compromiso y manera de ser pastor, su sentir con la iglesia que era su lema episcopal. Hoy su canonización y la forma en cómo el Papa Francisco ha presentado el testimonio de Monseñor Romero, como una manera de dejar atrás ese tiempo y hacer justicia a un mártir de la talla de Monseñor, se vuelve un hecho sin precedentes

¿Cuál fue el principal factor que incidió en que se retomara el caso de Monseñor Romero, hasta llegar a este momento de su proclamación como Santo?

Ha sido el milagro de la gente de seguir creyendo en su compromiso, el recuerdo y la huella que él ha dejado. Ha sido propiamente el pueblo de Dios el que ha permitido que la memoria prevalezca, y siga dando mensaje a la  iglesia.

¿Cómo interpreta usted el calificativo de «odio a la fe», por lo que fue proclamado mártir Monseñor Romero?

Entiendo que es un odio a una fe que está conectada con la vida. El deseo de matar todo aquello que da vida, toda aquella palabra que clama por y en nombre de Dios. En nombre de la fe de un pueblo que clama por la defensa de los derechos humanos, en un momento en el que no se podía expresar eso. Monseñor no solamente fue la voz de los que no tenían voz, sino que su valiente testimonio llevó a que la fe de un pueblo no solamente fuera una fe perseguida, era una fe que incomodaba a quienes abusaban y cometian delitos. El odio a la fe se convierte en odio al ser humano.

¿De qué manera cree usted que la canonización de Monseñor Romero viene a impactar a América Latina en este momento?

Esperaría que la canonización nos ayude a volver la mirada a la iglesia que construye desde las bases. Que sea también una oportunidad para recordar que no podemos ser auténticamente cristianos sino tenemos aquel olor a oveja que decía el Papa Francisco desde el inicio de su pontificado, y que sigue manteniendo.  Que ser pastor, ser cristiano comprometido no es un título, es ser el pastor que siente con su iglesia y con su pueblo, es un llamado para redescubrir por donde pasa el sufrimiento y compromiso que interpela a la iglesia. Por ejemplo en los migrantes, en las víctimas de trata de personas, en los crímenes y quienes viven consecuencia de los crímenes, nos pone a pensar en cuál sería la palabra de Monseñor Romero en este tiempo.