Muerte de Vanessa Guillén alza la voz contra abusos en filas castrenses en EE.UU.

La base militar Fort Hood, la más grande en la unión americana, con capacidad de albergar 900 mil personas está en el ojo del huracán y la lucha por lograr su clausura apenas comienza.

Por María T. Morales

Houston, Texas. El pasado 22 de abril, la joven soldado Vanessa Guillén, desapareció de la base militar de Fort Hood en la ciudad de Killeen, Texas.

Sus restos fueron encontrados 70 días después de su desaparición, y hasta el momento, todo indica que su verdugo fue uno de sus mismos compañeros, identificado como Aaron David Robinson.

Robinson, quien se quitó la vida al verse acorralado por las autoridades, contó con la ayuda de su novia, Cecily Aguilar, de 22 años, que hoy enfrenta la probabilidad de pasar, por lo menos 25 años en prisión.

Se le acusa por conspirar para ocultar pruebas de un homicidio, según detalles de las investigaciones que son dirigidas por el Buró Federal de Investigaciones (FBI) por siglas en inglés y de autoridades locales del estado de Texas.

Cerca del lugar, donde su vocación como soldado la había llevado, apenas unos meses atrás, su cuerpo fue encontrado cubierto con tierra y cemento cerca del río León, a unas 30 millas de Fort Hood.

El soldado y su “crimen perfecto”

Pese a que su verdugo trató de borrar, hasta la más mínima pista, y que, tras mutilar su cuerpo también intentó quemarlo; sus restos ahora sirven como prueba de los vejámenes que la joven mujer pudo enfrentar, en el silencio de las cuatro paredes del regimiento.

Su progenitora, Gloria Guillén, dijo a medios de comunicación que su hija le comentó que estaba siendo víctima de acoso sexual en el interior del regimiento.

Al contrario,  sus superiores negaron que la desaparición tuviese relación con acoso sexual, y hasta el momento, dicen no haber encontrado indicios de que Vanessa haya sido víctima de cualquier tipo de violencia en el interior de la guarnición militar.

Pero, organizaciones de derechos humanos, especialmente en Texas, predicen que la muerte de Vanessa abonaría en tierra fértil para que féminas que han sufrido o sufren cualquier tipo de abuso en la Fuerza Armada, no tengan miedo y rompan el silencio.

De hecho, la campaña #yo soy Vanessa Guillén,  se ha convertido en el camino para que mujeres militares tomen valor y denuncien cualquier atropello desde adentro de las bases militares.

Miles de personas, propios y desconocidos, han puesto el grito en el cielo y demandan justicia por un crimen que nunca debió suceder.

A pocos días de que Vanessa reciba cristiana sepultura, en su natal Houston, donde ya la han llorado, miles le dedican cantos, rezos y oraciones por el descanso de su alma.

La joven, quien se había enlistado en junio de 2018, se ha convertido en el centro de la lucha por hacer desaparecer la base militar Fort Hood.

A través del movimiento pro justicia por Vanessa, han solicitado una investigación independiente que sea dirigida y administrada por el Congreso de los Estados Unidos.

La familia de la víctima cuenta con el apoyo de una abogada, de congresistas y autoridades locales, quienes, al igual que miembros de la comunidad, se preguntan ¿cómo pudo suceder un crimen en una base militar, sin que nadie haya visto u oído nada?

Respuestas a esta y otras interrogantes que rodean el caso continuarán a la espera; las autoridades alegan que una investigación en curso les limita compartir o dar  cualquier tipo de información.