1 octubre, 2022

‘Mamá Tingó en Temblor de agua’, de Luesmil Castor

Es la memoria de enaltecer aquella imagen de abnegación, desde el discurso convertido prosa y estética del decir.

Por Julio Cueva

República Dominicana – “La posición del sujeto-autor, en esta obra, está determinada por su defensa a la dignidad humana, desde una prosa poética”.

La imagen de Florinda Soriano Muñoz, mejor conocida como “Mamá Tingó”, dirigente campesina dominicana, asesinada el 1/11/1974, durante el mandato gubernamental de Joaquín Balaguer (1966-1978), ha sido convertida en un mito, dentro de la literatura de reclamos y protestas de varios escritores nacionales.

En esta ocasión, tenemos un libro convertido en expresión poética desde la narrativa. Se trata de una obra en prosa, donde la configuración de imágenes poéticas, aparece de manera recurrente, como una forma de consolidar la base estética del discurso y no caer ahogado en las repeticiones del discurso propio de la politiquería bullanguera de nuestra farándula electoral.

Cada poeta asume su posición en torno a la realidad contextual que ha elegido o que lo ha elegido a él. Aquí, la posición del sujeto-autor, en esta obra, está determinada por su defensa a la dignidad humana, desde una prosa poética.

Es un poemario en prosa, organizado desde la presentación de veintiún (21) textos poéticos-narrativos. Cada una de esas veintiún narraciones, proyecta la simbología del vivir de una mujer que, desde su liderazgo en defensa de la tierra, en defensa de su tierra, eligió enfrentar la conducta siniestra del poder con su alma, por la patria.

Es la memoria de enaltecer aquella imagen de abnegación, desde el discurso convertido prosa y estética del decir.

‘Tatica’ (Ilustración del Dr. Odalís G. Pérez y del maestro Román Castillo)

El hecho de no caer en el cansancio del decir del “militante ciego”, ya es suficiente para que el lector se sienta cómodo en su posible lectura, sin importar el lugar y los demás detalles del espacio y del tiempo. En mi caso, asumo su lectura… mirando los florecidos flamboyanes que esta selva de varilla y cemento, me ha permitido disfrutar, contra la corriente, gracias al mismo que auspició la muerte de “Mamá Tingó”, cosas absurdas de la vida.

Hay que huir de las posiciones ideológicas y/o políticas que nos apartan de la mirada objetiva del texto que se lee o del texto que se escribe, lo estético, ha de marcar la ruta de nuestro crear y de nuestro imaginar, al momento de fijarlo en el papel en blanco y negro o en la magia indescriptible de la pantalla o en la plataforma de los espacios virtuales.

“Mamá Tingó en temblor de agua”(Editora Soto. Editorial “Tiempo de nosotros, Editores”. Autor, Luesmil Castor. 66 pág.  Ilustración de la portada, del maestro Román Castillo Espinosa. Escuela de Artes-UASD. Santo Domingo, República Dominicana, noviembre, 2021).

Portada de la obra ‘Mamá Tingó en temblor de agua’, de Luesmil Castor. La imagen de la portada fue realizada por el maestro Román Castillo, de la Facultad de Artes-UASD.

No es mi función aquí jugar el papel de juez y dictar una sentencia, ni a prejuzgar el texto leído. Mal haría yo con “calificar” de “texto luminoso” u oscuro, este libro, porque no es mi papel en esta lectura razonada, por lo que les presento este poema en prosa que es el número veinte (20), el penúltimo en el libro, Veamos:

“Un disparo ensordece la tarde que se arruga en el ceño de la muerte/la sangre/el otro disparo/La muerte vestida de fiesta en el Palacio de los odios/Tronó la bestia del miedo en los demonios que marcharon la patria/El cuerpo en la sangre germina en el tiempo y se levanta su voz con timbre y tesitura de heroína/Aún tiemblan cuando el pueblo dice la tierra es de quien la trabaja/Sepultaron un cuerpo de mujer/ restrojos de odios y pólvora/más no la bravura y el coraje de los ovarios del día y la noche/Ahora el lodo de la vida es amasado con la sangre y no sacarán a Eva-Tingó de las costillas sino del pueblo levantado en su nombre/Aúllan los perros rinconeros entre los decibeles de los Congos intentando ahuyentar las madrugadas en el nombre de los muchos/ Cuelga un clavo en el aire de la noche cernida de esperanza/Tú/Tingó/moribunda/en cofradía bailas el desdén de la tierra prometida/abrazas los dardos del desprecio de quienes nos someten sin el resultado de la gloria/Vienes cantando el canto de los bendecidos tiempos que un día se avecinan entre caracolas y el dolor de costado abierto por el disparo/La helada muerte derritiendo su quemante hilo sobre tu cuerpo color de esclava/como líquido azufre tosido de desgracia/Muere la carne/la desdicha/muere el sentimiento de solidaridad arrojada sobre el balazo mortal que como cuchillo de pólvora atravesó el costado de la vida hecha en tu cuerpo/No calles/No dejes de elevar tu grito de tierra sobre su nombre/que teman/que lloren/que huyan de sus propios muertos/que mueran en sus propias muertes ensuciadas de rencores/No calles Tingó/asústales con tu canto que viva Mamá Tingó que viva Mamá Tingó…/que tiemblen ante el largo e inmortal discurso hecho pueblo en tu boca/La tierra es de quien la trabaja”//.

(“Poema 20”. Págs 60/61, obra citada).

Sin alejarse del reclamo, el sujeto-autor se adueña de la metaforización del discurso y la integra a su narrar. No es un cuento, aunque están los. personajes, las acciones, el tiempo y los espacios donde se registran los movimientos de los sujetos participantes.

Son poemas narrados, modelados por las imágenes poéticas del sujeto-creador. A veces, crudas, directas, pero, en la mayoría de los casos, dichas o escritas con marcada fuerza poética.

A veces, hay una pérdida del ritmo en su narrativa, lo que convierte su comunicar en un contar la historia, como si se tratase de una información.  Es ahí donde el periodista pretende imponerse al narrador y al poeta. El sujeto-autor debe saber integrarse y percatarse de no convertir su discurso en una noticia.

“Mamá Tingó en temblor de agua”, pudo ser presentada con ese único título y con la organización de las demás narraciones, sin los subtítulos, porque su estructura poético-narrativa, responde a un mismo tema y a un mismo cuerpo discursivo.

De ahí que todo ese numerar de las narraciones, en este caso, sobran. Están demás.

(…)

“Las bocanadas de mariposas mal heridas/que desprendes en cada mirada tuya/Tingó/los atormentas”/.

(…)

(P. 31).

En esa prosa-poética que se registra en esta obra, la palabra es la excusa para acusar, tildar y repeler el trajinar de los jinetes de la agonía, al fragor de un ambiente de asechanzas y persecuciones. Eran los temibles momentos de sangre de los 12 años y llevarlos al plano poético-narrativo, amerita de un integrarse al hecho de lo ficcional, lo estético y la recreación. La emotividad, en este caso, jamás debe opacar lo artístico o lo estético. 

En este relatar de un hecho de Estado, tan macabro, me he permitido terminar mis juicios, recurriendo al primer relato poético que aparece en esta obra. Veamos:

(…)

“Él murió/con la misma muerte que te mataron/ sólo que él no muere en la maldad del tiempo/su asfixiado espíritu de odio ronda aún en los callejones ensangrentados de la patria”//.

(…)

(P.17. “Poema 1”. Obra citada).

Y usted, amigo lector, con sobrada razón, me estará reclamando el orden lógico del relato; pero yo, sonrío…y sigo mi lectura, porque desde este decir, lo ilógico adquiere su lógica más allá de lo realidad tangible, como queda plasmado aquí, a partir del discurso literario, como un hecho creativo, desde el poder de la lengua.

Julio Cuevas en Acento.com.do