Los sueños en una tierra donde el sueño es no estar en ella

Foto VD: Miguel Villalta.
Por Francisco Ayala Silva

Tres de las naciones más violentas del mundo festejarán su cumpleaños 198 el 15 de septiembre. Guatemala, Honduras y El Salvador, forman un triángulo donde, dependiendo del mes, pueden ocurrir más homicidios que en casi cada lugar del mundo donde no hay guerra.

Uno de cada tres salvadoreños vive fuera de su patria. En el Día de la Independencia habrá mujeres y hombres haciendo pupusas en parques de Milán, Italia, y en parques de Manaos, Brasil. Habrá conmemoraciones desde Seúl a Santiago y desde México hasta Moscú. Las pupusas es el platillo que cada salvadoreño come con deleite, una tortilla de maíz originalmente rellena de queso, pasta de chicharrón o pasta de fríjol, y que en la migración se le han agregado calabacines, pasta de camarón o pescado, hongos, jalapeño, o salchicha agria.

Hay 3.5 millones de salvadoreños fuera de su patria. Muchos han formado familias con otros salvadoreños expatriados, o con gente de decenas de nacionalidades. Sus sueños son tan diversos como su número. No todos sueñan con regresar a su patria, pero todos sueñan con tener un futuro.

Para muchos, regresar a El Salvador es una condena de muerte. Muchos viven en naciones que les niegan el permiso de habitarlas. Muchos trabajan jornadas de 112 horas semanales. Cada uno sueña con hacer su vida menos dolorosa y tener más cosas que les enorgullezcan de su patria. Que esté en paz, por ejemplo. Que no sea necesario abandonarla para seguir vivo. Que no te asesinen por vivir en el barrio donde los niños con los que jugaste se han convertido en adultos dueños y señores de vidas y destinos. Que los mesías electos cada cinco años no terminen crucificándolos.

Con este especial la Voz de la Diáspora hace una encuesta en una docena de países sobre lo que sueñan los salvadoreños que han tenido que abandonar su patria. Son sueños de 3.5 millones.

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