La proeza del salvadoreño que le robó vidas a los nazis

“The Rescue” es el documental que cuenta la valentía que tuvo el militar José Arturo Castellanos, al extender certificados de nacionalidad salvadoreña a los judíos para salvarlos del holocausto, durante la Segunda Guerra Mundial. El filme fue producido por los nietos del militar diplomático.

Por Alejandra Salcedo

Winnipeg, Canadá. La curiosidad por saber la obra humanitaria que realizó el coronel José Arturo Castellanos llevó a Álvaro y Boris Castellanos, nietos del militar, a iniciar una investigación sobre su “abuelito”, como cariñosamente le llaman.

Los hermanos, descendientes del séptimo hijo del coronel, comenzaron a reconstruir las memorias del militar en 2013, luego de saber que Castellanos en 2010 recibió el título póstumo de “Justo entre las Naciones” por Yad Vashem, el Museo del Holocausto en Jerusalén, que recopila las vivencias de los judíos víctimas de la persecución nazi.

Desde la infancia, los jóvenes oyeron sobre el coronel gracias a que la abuela materna se encargó de contar su historia. Nunca lo conocieron en persona porque emigraron de El Salvador muy pequeños, pero el anhelo de saber más sobre la vida del abuelo los llevó a hacer investigación de campo, que culminó con la producción del filme “The Rescue” o “El Rescate”.

El militar se desempeñó como cónsul salvadoreño en Ginebra, Suiza, y desde su trinchera ayudó a salvar a 13 mil familias judías otorgándoles documentos salvadoreños.

Viajaron a varios países y recopilaron imágenes de lugares, documentos, entrevistas con sus propios familiares y con sobrevivientes del holocausto.

Álvaro, el mayor de los hermanos, asegura que les impactó la humanidad del abuelo, “es alguien muy especial y aunque no fue el único, lo que hizo, lo hizo diplomática y clandestinamente… Se preocupó por su prójimo y puso su vida en peligro por ayudar a otros”.

Mientras para Boris la historia es “singular” porque destaca “a un judío y un militar-diplomático salvadoreño que se unieron para hacer algo grande, es una historia de colaboración para ayudar”.

Popularmente se habla que el diplomático salvó a 40 mil personas del holocausto, pero los hermanos Castellanos no se atreven a decir con precisión a qué número asciende la cifra. Álvaro advierte que la cantidad varía y prefieren apegarse a la idea que “fueron 13 mil documentos emitidos a 13 mil familias” y cada una de estas pudo tener un número promedio de cuatro integrantes, “y así se podría hacer algo matemáticamente aproximado”.

Boris y Álvaro Castellanos viajaron a Hungría para entrevistar a Anna Bayer, hija de un sobreviviente que salvó su vida, gracias a los documentos otorgados por el consulado salvadoreño en Ginebra, Suiza.

La fábrica

“The Rescue” recopila la gran hazaña de Castellanos y su labor en Europa como cónsul en Liverpool, Inglaterra, luego Hamburgo, Alemania y posteriormente en Ginebra, Suiza en 1942. Desde su trinchera en Ginebra hizo el trabajo humanitario.

Comenzó con su amigo húngaro-judío George Mandel, le emitió documentos salvadoreños a él y su familia, al tiempo que lo nombró Primer Secretario de la delegación diplomática, un cargo que no existía en esos años, y además le cambió el apellido a Mantello para que sonara más latino. Luego, Mantello le propuso al diplomático extender certificados de nacionalidad salvadoreños a judíos para salvarles la vida y así lo hicieron.

George Mandel-Mantello, y su amigo José Arturo Castellanos, trabajaron juntos en la emisión de certificados de nacionalidad salvadoreña para los judíos húngaros perseguidos por los nazis.

“The Rescue” hace un recorrido por los edificios sedes donde estuvieron los consulados salvadoreños en Europa y por supuesto donde se montó “la pequeña fábrica” de emisión de papeles legales. “Eran documentos reales pero sin la autorización de El Salvador”, aclara Álvaro.

El filme cita a Anna Bayer (Brünner), hija de un sobreviviente en Hungría, quien relató que sus abuelos y su padre tuvieron nacionalidad salvadoreña y que el documento les llegó de forma inesperada y creen que lo obtuvieron por medio un pariente.

Los salvo conductos llegaban de formas diversas, muchos de ellos fueron enviados como documentos en blanco para que fueran llenados con los datos de los judíos que se refugiaban en La Casa de Cristal en Budapest o “se hacían llegar por medio de mensajeros… Pero quiero destacar que la mayoría de ellos fue por canales judíos del amigo de mi abuelo que era el señor Mantello”, explica Boris.

El diplomático salvadoreño nunca midió el alcance de esas acciones realizadas durante la Segunda Guerra Mundial, simplemente porque “él no podía ver que alguien necesitara algo y no dárselo”, dice su hija Ruth Castellanos, quien recuerda como la gente lo buscaba en la oficina para pedirle favores.

La historia de Joachim “Yoya” Joseph, un niño de 13 años, también citada en el filme, destaca cómo el documento salvadoreño fue recibido cuando él y su familia ya estaban en el campo de concentración de Bergen-Belgen en Alemania, y el salvo conducto fue el pase a la vida y la libertad. Más tarde, Joachim “Yoya” Joseph se convirtió en el jefe de la nave espacial Columbia y murió en 2008.

Joachim «Yoya» Joseph tenía 13 años cuando sobrevivió al holocausto, gracias el certificado de nacionalidad salvadoreña, extendido durante la Segunda Guerra Mundial.

La investigación les arrojó una vasta información que no fue incluida en el documental de 45 minutos, como el de una familia de sobrevivientes que vive en El Salvador que no quiso aparecer en cámara, ahora han cambiado de religión.

Los hermanos Castellanos aseguran que muchos documentos fueron destruidos porque fueron emitidos en la clandestinidad.

Lo curioso es que los judíos beneficiados con las certificaciones de nacionalidad salvadoreña no hablaban español y Álvaro cuenta que la situación desencadenó una broma popular entre los húngaros: “¿Cuál es la más grande minoría visible en Budapest? … los salvadoreños por supuesto, y cuando los salvadoreños no quieren que sepas lo que estás diciendo, ¿Qué idioma hablan ellos?… idish (Yidish)”.

El respeto a estos documentos fue como un intercambio de relaciones diplomáticas, porque muchos alemanes estaban viviendo en Centro y Suramérica y no querían que sus conciudadanos fueran molestados ni deportados.

El Arte como expresión máxima

La producción del guión, grabación y edición de “El Rescate” les tomó más de tres años a los hermanos Castellanos. Confiesan que no fue un trabajo fácil, porque tenían la responsabilidad de revivir la memoria del coronel de una forma grandiosa por llevar en sus venas la misma sangre.

Y no hubo mejor momento para hacerlo de forma reverente y artística que cuando lo estrenaron en Berlín, Alemania en 2016 en el edificio del Ministerio de Relaciones Exteriores, que antes fue la sede de “Reichsbank”, el banco de los nazis. “Ahí estaba la riqueza que se habían robado de países europeos… Y fue la oportunidad para contar sobre este salvadoreño que les robó vidas a los nazis”, dice Álvaro.

Entonces, Boris se ideó presentar el documental con música en vivo acompañados de una pequeña orquesta en la que ellos también participaron, Álvaro ejecutando el bajo y Boris el piano. Además recitaron en vivo parte del guión, un detalle que continúan haciendo, y que permite al público vivir la presentación con mayor emoción. De hecho, consideran que no hay nada más grandioso que presentar las ideas apoyándose en el arte.

Los hermanos viajaron dos o tres veces a cada uno de los países involucrados en la historia, como: Estados Unidos, Alemania, Suiza, Hungría, Italia, Israel y El Salvador, con el fin de recopilar la información necesaria.

El costo total del filme no fue revelado, pero Álvaro dijo que “fue un proyecto caro, nosotros nunca lo comentamos abiertamente, pero hubo mucho sacrificio personal… Si nosotros contabilizamos cada cámara, luz, entrevista o cada viaje… y tratáramos de pagarnos, habría una cifra, pero no lo hicimos así. Lo hicimos voluntariamente con lo que podíamos y cuando podíamos. Lo que hicimos rápido fue entrevistar a los sobrevivientes, unos murieron un año después que hablamos con ellos y otros a los meses”.

Sin embargo, reconocen que terminaron la producción gracias al apoyo económico de “una señora en El Salvador y una maravillosa familia de un sobreviviente en Toronto”.

“The Rescue” ha sido presentada además de Berlín, en Toronto y Winnipeg, en Miami, Hamburgo, Buenos Aires, Panamá y Beijing. Aún no ha sido exhibido en El Salvador porque los descendientes del coronel quieren que sea algo más que una presentación, pretenden que el “abuelito” viva en la historia nacional a través de un monumento que le rinda homenaje a su memoria.

El documental fue presentado en Winnipeg, Canadá, ante la comunidad judía y salvadoreña, y algunos sobrevivientes del holocausto.

En Israel por ejemplo, el nombre de José Arturo Castellanos fue grabado en un muro del bosque de Yad Vashem en el jardín de “Justo entre las Naciones”, un título otorgado a personas que ayudaron a los judíos durante el holocausto, y para recibirlo debió haber cumplido con tres requisitos: no ser judío, no haber cobrado nada y haber arriesgado la vida.

Ante la pregunta si ellos hubieran hecho lo mismo, la respuesta de Boris fue: “al final del filme, el doctor Mordecai Paldiel, ex director de Yad Vashem dice: ‘Si él lo hizo, tú también puedes hacerlo’. Hace cinco años definitivamente creía que no hubiera podido hacer lo que hizo mi abuelo, pero es algo que se va desarrollando, ahora he desarrollado mi visión para reconocer que se puede hacer”, porque “alguien hace algo sin saber que va a ser grandioso y lo hace solo por ayudar”.

“The Rescue” hace énfasis en que el militar nunca estuvo de acuerdo con la represión del gobierno de Maximiliano Hernández Martínez, y el coronel a través de sus escritos tuvo una posición crítica ante la masacre de indígenas de 1932. Cuando el diplomático regresó a El Salvador, concluida la Segunda Guerra Mundial, fue exiliado a México por no estar de acuerdo nuevamente con el gobierno en turno.

Álvaro Castellanos, nieto del coronel, advirtió en la exhibición del documental que su abuelo nunca estuvo de acuerdo con la represión del gobierno militar de Maximiliano Hernández Martínez.

Para muchos, Castellanos es el Schindler salvadoreño, pero lo cierto es que el militar diplomático con ayuda de su amigo Mantello, logró salvar muchas más vidas sin tomar ventaja o beneficio alguno.

El héroe salvadoreño murió en 1977, pero su hija Yvonne Castellanos dice que antes de su muerte lo vio llorar “porque no había podido salvar a los judíos polacos, sentía que no había hecho lo suficiente por salvar más vidas… Sentía dolor”.