“Hay que pensar y formar una nueva nación para los salvadoreños”, Alfredo Ramírez

Máster en Historia, Alfredo Ramírez.
Por Lucía Erazo

Han pasado ya 198 años desde que la región centroamericana se independizó del gobierno español, en este marco el Maestro Alfredo Ramírez, coordinador de la Licenciatura en Historia de la Universidad de El Salvador hace sus valoraciones respecto al proceso de Independencia, la historia reciente y celebraciones cívicas de dicho país.

Construir un país es un proceso. El Salvador que conocemos ahora ha pasado por muchos cambios sociales y desde luego una diversidad de opiniones sobre el mejor rumbo de la nación, por ejemplo, a inicios del Siglo XIX se discutía sobre la creación de una nueva monarquía o una república, a mediados de dicho siglo la discusión estaba centrada en la conveniencia de constituir una república agraria (basada en la agricultura) o una liberal (basada en el comercio).

Independientemente de la decisión tomada, siempre hay beneficiados y afectados. Con dichos cambios, los pueblos indígenas salieron afectados, por ejemplo: la monarquía requería impuestos colectivos mientras que la republica liberal exigía gravámenes individuales, razón por la que surge el levantamiento liderado por Anastasio Aquino.

Con el hecho histórico anterior, se puede constatar que, aunque la independencia “Es un proceso social con impulso propio ha sido (y continúa siendo) guiado por las decisiones e intereses de las élites”, enfatiza el historiador.

De acuerdo a Ramírez, El Salvador sigue siendo un Estado en formación, independiente, pero débil, “somos muy vulnerables (económicamente) a las influencias de otros países como Estados Unidos, México y Colombia, aunque hay personas “poderosas” que lo prefieren así”.

En cuanto al civismo, el historiador considera que “estamos en crisis de identidad nacional, después de los acuerdos de paz nos hemos quedado con una fiesta cívica muy militarizada”. 

Además, explica que se sigue rindiendo honor a la patria y no a la nación. La patria es ese terruño al que hay que rendirle tributo de manera casi ciega solo porque ahí nacimos, en cambio la nación es algo que se va construyendo y que tiene que ver más con aspectos culturales, sin embargo, en El Salvador se ha reducido a la flor nacional, los símbolos patrios o las pupusas; pero no se ha pensado por ejemplo en destacar la capacidad de los salvadoreños para ser emprendedores, para desarrollarse en el conocimiento científico, su desarrollo en industrias técnicas o artesanales. En el país seguimos con un discurso muy viejo, como de los años 60 y 70   donde se honra a la patria con la bandera y con la marcha. Se debería reinventar a El Salvador, señala Ramírez 

También, reconoce que las celebraciones permiten que los salvadoreños fortalezcan su identidad como individuos. Principalmente la diáspora salvadoreña que mantiene vínculos con el país a través de las fiestas cívicas. Las podemos criticar o señalar, pero no quiere decir que no sean útiles, admite.

Manteniéndose en su campo de estudio, Ramírez considera que la historia de la nación debe ser ubicada en el contexto adecuado. “Debemos estar conscientes de que la historia nacional no siempre va a ser positiva y de grandes hombres, a veces va a ser dura, pero eso no quiere decir que no podamos aprender del pasado para enfrentar el presente. La vinculación del pasado y el presente debe de ser consciente, pero también debe ser mediada por instituciones y personas profesionales adecuadas que logren construir esa conexión. Hay que pensar y formar una nueva nación para los salvadoreños”, finaliza el historiador.