Hay muchas historias que contar

Foto VD: Oscar Machón.
Por Carlos Domínguez

La pandemia del COVID-19 ha causado estragos en todos los órdenes de la vida cotidiana y de las diferentes profesiones u oficios en el mundo. En el caso del periodismo implica hacer frente a desafíos, como el distanciamiento físico en las coberturas.

Las salas de redacción han sido estremecidas por la pandemia: por un lado, recortes de personal, asignaciones de trabajo a distancia, reducciones salariales, de contratos; por el otro, caída de ingresos y la exigencia de brindar información a la audiencia.

Desde instancias como la Asociación de Periodistas de El Salvador, APES, se han hecho esfuerzos por brindar suficiente equipo de protección a los comunicadores, además de las que brindan o deberían brindar los medios de comunicación.

Dado el rol que desempeñan los periodistas, ofrecen un servicio público al informar permanentemente de lo que sucede, no solo en pandemia. Con esta, su trabajo es de más riesgo que en lo cotidiano. 

Hasta el 6 de julio, APES ha registrado que 74 trabajadores de medios de comunicación han sido afectados por el virus. La mayoría laboran en televisión, hay comunicadores de agencias y también institucionales. 

La letalidad del virus es mucha, y lo vemos a diario. Para algunos, es implacable, sobre todo cuando las víctimas son conocidos. Dejan de ser cifras y adquieren nombre, apellido y una serie de recuerdos de lo compartido, de las vivencias con esa persona. Eso ha pasado en el gremio con la muerte de tres comunicadores por COVID-19.

Descansen en paz, Eduardo Navas, productor de noticias de canal 12; Ronald Cardoza, de Comunicaciones del Centro Monseñor Romero, de la UCA; y Franklin Américo Rivera, conocido como “Meco”, destacado fotoperiodista.

Pero hay señales de esperanza. Lo demuestra la franca recuperación de periodistas como Oscar Orellana, productor de televisión y docente universitario. Con su autorización, reproduzco lo que ha publicado en su cuenta en Facebook: “Pues ya 18 días ingresado en el HMQ tratando de ganarle la batalla al COVID-19. La buena noticia es que mi respiración va mejorando muy bien y ya solamente uso un sistema de oxígeno básico. De seguir así, tengo fe de que pronto superaré esta etapa de la enfermedad. ¡¡¡Gracias querida familia y amigos por seguir dándome fuerzas!!!”.

Testimonio valioso que se suma al de otros comunicadores que superan la enfermedad. No me agrada esa frase trillada de “venció a la enfermedad”, para referirse a esto. Tampoco veo apropiado el uso de la muletilla” perdió la batalla”, cuando se trata de decesos.

Me quedo con las ganas de vivir y el ánimo por salir delante de colegas como Oscar, cuando escribe: “cuando todo esto pase me invitan a comer algo que a ustedes les guste, yo le entro a todo, desde panes mataniños para arriba”.

Optimismo en medio del drama que afrontan miles de personas afectadas por la COVID-19, pandemia que no hace distinciones de condición económica y social.

¡Ánimo, colegas, hay muchas historias que contar!