Hábitos de ahorro

Foto: Cortesía.
Por Dra. Margarita Mendoza Burgos

Muchos de los hábitos que nos acompañan el resto de nuestras vidas los hemos adoptado de niños, gracias a la educación de los padres.

Uno de ellos, sin duda, es el ahorro. Solamente con el paso del tiempo, un hijo entenderá la importancia de esa enseñanza. “Cuida de los pequeños gastos; un pequeño agujero hunde un barco”, decía Benjamin Franklin.

Es fundamental que los padres cultiven en sus hijos la cultura del ahorro. Es, en cierto modo, darles la bienvenida al mundo real.

Es que muchos padres pretenden crearles la fantasía de que todo crece en los árboles y nada es producto del esfuerzo. Esa sensación se multiplica en festividades, ya sea en cumpleaños o Navidad, en que les hacemos creer que viene Santa Claus o El Niño Dios a darnos las cosas fácilmente…

En mi caso particular, enseñé a mis hijos a que Santa trae juguetes para muchos niños y había que pedir poco o no tan caro para que él favorezca a todos los niños del mundo.

Por lo general, los niños tienden a pensar que el dinero es ilimitado, por lo tanto es recomendable explicar de dónde surge y también el esfuerzo que tienen que hacer los padres para obtenerlo.Será clave hacerles entender, por ejemplo, que una tarjeta de crédito no es un plástico mágico que nos permite saciar todos nuestros caprichos aunque no llevemos efectivo en los bolsillos.

Los padres deberán explicar que eso se termina pagando igual, y muchas veces con intereses. Nunca es demasiado temprano para empezar. Si un niño te acompaña al supermercado y se encapricha con algún producto innecesario, hay que explicarle que hay un presupuesto al que atenerse.

El hábito del ahorro tiene que ir permeando día a día, de forma natural. Por un lado, hacerles ver que son afortunados por tener techo, alimentación y escolaridad, que es lo más importante y que eso ya lo pone en una situación ventajosa sobre muchos otros que sufren carencias.

Incluso en familias de buena posición, el ahorro debe formar parte de la educación bajo la premisa de que el que mal administra puede perderlo todo. Es probable que por una cuestión de status nuestros hijos exijan que les compren ropa de marca, el último modelo de teléfono celular o la versión más avanzada de un juego de la PlayStation, pero será decisión de los padres aterrizarlos a la realidad.

Habrá cosas que se podrán comprar y otras no, dependiendo del presupuesto. Eso es lo primero que tienen que entender. Si, por ejemplo, sueñan con tener algún producto en particular y los padres no están en condiciones de comprarlo, se les puede poner un bonito reto: que ellos mismos ahorren hasta alcanzar la suma para comprar el reloj, los zapatos o el celular por el cual se desviven.

Bastará una alcancía o una cuenta de ahorro -dependiendo de la edad- para iniciar este saludable proceso. No solo los mantendrá enfocados en su meta, sino que también vivirán en carne propia el esfuerzo necesario para ganarse el dinero. Más tarde o más temprano, los niños y jóvenes tienen que aprender a administrar sus recursos, y eso es responsabilidad de los padres.

Otra buena manera es darles el dinero de la mesada de toda la semana y que sean ellos los encargados de administrarlo, haciendo uso correcto de sus pequeñas finanzas, tomando decisiones y hasta logrando ahorrar algo. Algunos profesionales también recomiendan jugar en familia al Monopoly, un entretenimiento donde cada uno recibe dinero ficticio y debe invertirlo de la mejor manera.

Un hábito bien aprendido en casa, difícilmente se olvide. Son lecciones de vida para aplicar en todo momento que nos traerán no solamente salud financiera sino también salud mental.