Estudiantes colombianos atrapados por cuarentena en Canadá fueron repatriados a Colombia

Por Oscar Vigil

Toronto. Fue lo más parecido a una película de suspenso en la que abundaron los momentos de tensión y los temores, donde rodaron las lágrimas y las frustraciones, pero en la que también afloró la solidaridad sin límites y la abundante ayuda mutua. Fue la peripecia vivida por estudiantes y visitantes colombianos que estaban varados en Canadá y que finalmente este martes lograron abordar un avión que los llevó a Colombia. Al final, hasta se dieron el lujo de presenciar una petición de mano, con máscaras y guantes de rigor puestos, en pleno vuelo de regreso a casa.

Alrededor de 300 colombianos, de un aproximado de 600 que han quedado atrapados en diversas ciudades de Canadá debido a la cuarentena decretada para evitar la propagación del COVID-19, llegaron a Bogotá, Colombia, la mañana del martes, gracias a un vuelo chárter que previamente había fletado el gobierno canadiense para traer a casa a poco más de 200 canadienses que por la misma razón también estaban varados, pero en Colombia.

El vuelo AC2018 de Air Canada, un Boing 787-9 Dreamliner, partió a las 6:49 a.m. del Aeropuerto Pearson de Toronto con 298 colombianos a bordo, es decir con el total de asientos disponibles en todo el avión ocupados, y a las 10:54 a.m., hora local, aterrizó en el Aeropuerto El Dorado, en Bogotá.

Atrás han quedado todavía aproximadamente 300 colombianos más, quienes están a la espera de que el gobierno de Colombia establezca un segundo y eventualmente hasta un tercer vuelo humanitarios más a fin de que estos ciudadanos, en su mayoría estudiantes internacionales y visitantes, puedan regresar a sus hogares en Colombia.

El viaje de este primer grupo de colombianos fue toda una odisea, un vuelo contra el tiempo y las adversidades en medio de una pandemia que en realidad ha agarrado desprevenidos a muchos gobiernos e instituciones del mundo, y que para evitar su propagación ha cerrado fronteras y cancelado vuelos.

Hasta el pasado martes 21 de abril, el gobierno de Colombia aun no tenía programado ningún vuelo humanitario para repatriar a sus ciudadanos varados en Canadá. Sin embargo, para esa fecha un muy bien organizado número de afectados había creado un grupo de WhatsApp y estaba haciendo gestiones ante el gobierno colombiano para su repatriación.

En sus esfuerzos, comenzaron a hacer peticiones públicas de ayuda en Colombia, a través de las redes sociales y de los medios de comunicación más importantes, al tiempo que también buscaron el soporte de organizaciones latinas en Canadá para que los apoyaran en la consecución de sus objetivos. Así, el Consejo Canadiense para la Herencia Hispana (HCHC), con sede en Toronto, conociendo que el gobierno canadiense había programado un vuelo de repatriación para sus ciudadanos varados en Colombia para el martes 28 de abril, hizo gestiones ante el gobierno Canadá y obtuvo una respuesta concreta y positiva por parte del Embajador en Colombia, Marcel Lebleu.

El Embajador dijo que “El gobierno canadiense no impone restricciones de movimiento a los ciudadanos colombianos que desean abandonar Canadá. Sin embargo, el gobierno colombiano ha prohibido los vuelos internacionales a Colombia (Decreto 436, firmado por el presidente Duque el 23 de marzo), excepto los vuelos humanitarios que deben llegar vacíos a Bogotá”.

Y a renglón seguido abrió la puerta para ayudar a solucionar el problema de los ciudadanos colombianos atrapados en Canadá:

“Si el gobierno colombiano cambia su política para aceptar el regreso de los colombianos en un vuelo humanitario patrocinado por el gobierno canadiense, simplemente debe informarnos. Estoy seguro de que dicha solicitud recibirá una respuesta positiva”, explicó.

Desde ese día, los acontecimientos comenzaron a dar un giro un tanto lento pero efectivo, y el viernes 24 de abril los funcionarios de la Embajada de Colombia en Ottawa y de los Consulados en Toronto, Montreal y Vancouver comenzaron a afinar el censo que tenían de sus connacionales atrapados en este país.

La prioridad para un eventual viaje humanitario, explicaron sin precisar una fecha concreta, serían los menores de edad, los estudiantes de inglés de cursos cortos y las personas de la tercera edad. Luego, el vuelo se iría llenando con el resto de afectados.

Un día después, el sábado 25 de abril, los viajeros seleccionados comenzaron a recibir códigos con los cuales podían comprar los boletos en la página oficial Air Canada, quedando claro que el vuelo saldría el martes 28 de abril desde Toronto y que quienes vivían en otras ciudades del país debían viajar por su propia cuenta a dicha ciudad. Los códigos llegaron de a poco entre sábado, domingo y lunes, y no todos los recibieron.

También quedó claro desde un principio que al llegar a Bogotá deberían guardar cuarentana durante 14 días en dicha ciudad, y que cada uno debería cubrir los costos de su estadía durante la cuarentena.

El costo del boleto aéreo fue de CAD$ 839 más impuestos, y quienes residían en Vancouver, Calgary y otras ciudades del oeste y centro del país debieron comprar adicionalmente el boleto para llegar a Toronto. Los viajeros de Montreal y Ottawa llegaron en tren, y en su mayoría, todos los que no residían en Toronto llegaron directamente al Aeropuerto Pearson el lunes en la tarde o noche y pernoctaron ahí a la espera de que abrieran el check-in en Air Canada a las 4:00 de la mañana de hoy martes.

Cansados y con el estrés a flor de piel, pero con la tranquilidad de que ya casi tenían puesto un pie en el avión, la mayoría se acomodó en las sillas de espera o en el piso para contar las horas o, en el mejor de los casos, dormir un poco.

Otros aprovecharon para llenar documentos que, por habérselos pedido a última hora, no pudieron llenar e imprimir, pero que otros miembros del grupo, desconocidos hasta ese día, los imprimieron para ellos y se los llevaron al aeropuerto. Hubo quienes también llevaron guantes, mascarillas y desinfectantes de manos extra para quienes no habían logrado comprarlos, dado que era obligatorio tenerlos para poder abordar el vuelo.

Ya en la madrugada del martes el abordaje fue fácil y sin complicaciones, el avión despegó a las 6:49 de la mañana, 19 minutos más tarde de lo programado, y el vuelo resultó más tranquilo de lo esperado hasta que, mientras sobrevolaban el Atlántico, uno de los viajeros se paró al frente de todos los pasajeros y, con la anuencia del personal de cabina, tomó el micrófono del avión y le propuso matrimonio a su novia.  Tras breves segundos de silencio por la sorpresa, y en medio de los aplausos y los vítores de todos los compañeros de aventura, ¡la chica le dio el sí!

Todos felices. De nuevo al silencio y al buen comportamiento, solo interrumpido por un bagel, una bolsa de maní, agua, galletas y chocolates, el único menú a bordo, de cortesía. Y luego, esa tranquilidad obligada fue interrumpida hasta que quienes iban junto a las ventanillas literalmente vieron la tierra que los vio nacer, el capitán anunció el arribo y el golpe del tren de aterrizaje les dejó saber que sin duda estaban ya de regreso en casa.

Ya en su tierra prometida, tras un lento y exhaustivo chequeo migratorio en el que les retuvieron los pasaportes hasta que terminaron el proceso, y luego de varias charlas e interminables indicaciones relacionadas con las medidas preventivas ante la pandemia, varias horas después de haber llegado, salieron del edificio donde los comenzaron a recoger, lenta, muy lentamente, los autobuses custodiados por elementos policiales que los conducirían a los lugares donde deberán mantener la cuarentena de 14 días, y los cuales debieron declarar desde antes de llegar al país.

A muchos los llevaron a sus casas en Bogotá y sus alrededores, pero muchos más fueron conducidos a hoteles, a casas de amigos o a apartamentos rentados. Ellos son quienes viven en el interior del país y que una vez terminada la cuarentena deberán pedir un permiso especial para poder desplazarse hasta sus lugares de residencia. Es decir, probablemente una nueva aventura.

Mientras tanto, en Canadá, quienes no fueron seleccionados para abordar el avión de este martes no pierden la esperanza de que el gobierno colombiano programe un segundo vuelo. Y para asegurarse de ello, ya conformaron un nuevo grupo de WhatsApp, porque si algo les quedó claro tras estas semanas de tensión es que solo unidos podrán lograr más pronto su objetivo.