Primer ministro de Canadá presenta su plan contra el cambio climático

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Por Oscar Vigil

Toronto. Canadá. Los canadienses no han pasado desapercibido que en los últimos años las alertas de frío extremo o de calor extremo en el país son cada vez más frecuentes. Según los científicos, esa es una de las señales más simples que muestran el dramático cambio climático y calentamiento global que está sufriendo el planeta.

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, asegura que dicho cambio climático es un invento, que son “fake news”, sin embargo, el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, lo considera una amenaza seria para el planeta y esta semana presentó en Toronto el plan que su gobierno está implementando para combatirlo.

Ante la presencia de los medios de comunicación y de alrededor de un millar de personas reunidas en el Danforth Music Hall, ubicado en la zona este de la ciudad de Toronto, el primer ministro habló sobre la amenaza que significa el cambio de clima en el planeta, y de las acciones que está tomando, entre ellas, el impuesto a las emisiones de carbono.

Aprovechó para fustigar a los gobiernos de cuatro provincias en manos del Partido Conservador que se oponen a aplicar este impuesto, y le advirtió a la ciudadanía que quien contamine el planeta debe de pagar, y que ese dinero le será devuelto a las familias canadienses.

Sin embargo, mientras el primer ministro hablaba del calentamiento global, el calor también llegaba hasta los asistentes, entre quienes había un grupo reducido de protestantes en contra de la construcción de un oleoducto para transportar petróleo en la zona oeste del país, y quienes interrumpieron en varias ocasiones al mandatario.

La democracia en pleno ejercicio, o la mala educación de unos pocos, como decían algunos de los presentes, quienes estaban cansados ya de los gritos y de las interrupciones y contestaban coreando con fuerza “Trudeau, Trudeau, Trudeau”. Al final, varios de los protestantes debieron ser desalojados pacíficamente por los miembros de la seguridad del mandatario, mientras que en cualquier país latinoamericano el desenlace seguramente habría sido distinto.

El discurso del primer ministro fue claro y fuerte, e insistió en que tanto en esta como en otras de las temáticas del debate nacional no se debe perder de vista el horizonte “the big picture”. Habló con mesura, sin perder la calma, pese a los gritos de unos pocos.

Tras él se habían colocado varias decenas de ciudadanos apoyando su acción en contra del cambio climático, así como también 19 parlamentarios liberales de la provincia de Ontario, entre ellos la diputada de origen hispano Julie Dzerowicz, la ministra de Relaciones Exteriores, Chrystia Freeland, el ministro de Finanzas, Bill Morneau, y la ministra de Medio Ambiente, Catherine McKenna, encargada de abrir el podio al primer ministro y quien, en su discurso, insistió en que el gobierno es un equipo muy unido.

Dicha afirmación pudo haber sido el preámbulo para abordar el tema de los problemas que actualmente está enfrentando el primer ministro tras la renuncia hace un par de semanas de la ministra de Justicia, Jody Wilson-Raybould, y esta semana de la presidenta de la Junta del Tesoro, Jane Philpott, que han acaparado el debate de la política nacional.

“Aunque estoy decepcionada, entiendo su decisión de renunciar y quiero agradecerle por su servicio”, dijo sobre la ahora exministra Philpott, quien en su carta de renuncia alegó que había perdido confianza en el manejo que había hecho el gobierno del primer ministro Justin Trudeau en el caso SNC-Lavalin.

Cabe recordar que la ahora también exministra Wilson-Raybould renunció a su cargo en el gabinete aduciendo que durante su ejercicio como ministra de Justicia había sido fuertemente presionada por altos funcionarios del primer ministro para que llegara a un acuerdo judicial negociado con la empresa constructora SNC-Lavalin, acusada de haber sobornado a funcionarios en Libia para obtener contratos en dicho país, entre otros cargos.

El problema está en que si dicha empresa es condenada criminalmente, se le prohibirá durante diez años participar en contratos gubernamentales, lo que implicaría la pérdida de miles de empleos en Canadá, y particularmente en la provincia de Quebec, a donde tiene su sede. La ahora exministra Wilson-Raybould se negó a buscar una salida que no fuera la criminal para dicho caso, y ahora acusa al gobierno liberal de haber intentado interferir en el proceso judicial.

Pero toda esta problemática pareciera que no le quitaba el sueño a las personas que llegaron a escuchar del primer ministro sus acciones en contra del cambio climático, en un momento en que efectivamente es solo el partido liberal actualmente en el gobierno, el que está proponiendo acciones concretas para evitar el calentamiento global.

“A pesar de la evidencia, algunos políticos todavía no lo entienden. Lo crean o no, hay quienes piensan que no deberíamos hacer nada con respecto al cambio climático… Si no tienen un plan para el cambio climático, entonces no tienen un plan para la economía y ciertamente no tienen un plan para el futuro de Canadá”, apuntó el mandatario, en clara referencia a los conservadores y a su líder Andrew Scheer.